Aceite de Coco: La Sorprendente Verdad Científica que Choca con lo que Ves en Redes Sociales

El informe escrito por el Dr. Ariel Kraselnik, aborda la controversia en torno al aceite de coco, cuestionando si sus supuestos beneficios son un milagro o un mito alimentario impulsado por el marketing. El autor desaconseja su consumo frecuente, argumentando que la evidencia científica es clara y no respalda las afirmaciones populares de sus propiedades milagrosas, como la pérdida de peso o la mejora metabólica. Se explica que una revisión sistemática mostró que el aceite de coco aumenta significativamente el colesterol LDL, un factor de riesgo cardiovascular, debido a su alto contenido de ácidos grasos saturados. La fuente advierte a los lectores sobre mensajes sin fundamento que circulan en redes sociales y subraya que el aceite de coco no es un «súper alimento», recomendando solo su uso local para condiciones como la dermatitis atópica. Finalmente, el Dr. Kraselnik comparte su experiencia clínica al observar que la suspensión de su consumo ayudó a normalizar los niveles de colesterol en pacientes. veamos un resumen.

La Controversia del Aceite de Coco

En redes sociales y blogs de bienestar, el aceite de coco es aclamado como un elixir milagroso. Se le atribuyen propiedades asombrosas: que ayuda a bajar de peso, es antiinflamatorio, mejora el metabolismo e incluso que cura el cáncer. Para muchos consumidores que buscan mejorar su salud, esta avalancha de información genera una gran confusión. Si es tan maravilloso, ¿por qué los expertos lo desaconsejan? ¿Qué dice realmente la evidencia científica sobre su consumo?

Los supuestos «beneficios milagrosos» no están respaldados por la ciencia en humanos.

A pesar de las contundentes afirmaciones que circulan, los estudios científicos rigurosos realizados en seres humanos no han encontrado evidencia de que el aceite de coco ayude a bajar de peso, mejore la resistencia a la insulina o reduzca la inflamación.

Parte de la confusión nace de una mala interpretación de la ciencia. Algunos supuestos beneficios provienen de estudios preclínicos, es decir, investigaciones en animales de laboratorio o en células aisladas. Sin embargo, un principio fundamental es que los resultados de la ciencia básica no pueden ni deben ser extrapolados a los seres humanos. Este es un error elemental que cometen con frecuencia los influencers sin formación científica.

Pero hay un punto aún más revelador. Detrás del aceite de coco hay un negocio de miles de millones de dólares. Si sus beneficios fueran reales, las poderosas empresas de esta industria tendrían un enorme interés en financiar estudios de alta calidad en humanos para demostrarlo. El hecho de que no existan es, por lo tanto, una prueba contundente en sí misma.

«…pareciera existir una controversia sobre si es o no saludable, cuando la evidencia científica es muy clara: no deberíamos recomendar su consumo frecuente.»

Podría ser perjudicial para tu salud cardiovascular.

El hallazgo más contundente de la ciencia sobre el aceite de coco no es la falta de beneficios, sino la evidencia de un efecto negativo directo en un marcador clave de la salud.

Una revisión sistemática con metanálisis publicada en 2020 en la prestigiosa revista Circulation fue clara y directa. Tras analizar múltiples estudios en humanos, la conclusión fue inequívoca: el consumo de aceite de coco incrementa significativamente los niveles de colesterol LDL, comúnmente conocido como «colesterol malo».

La razón es simple: el aceite de coco está compuesto predominantemente por ácidos grasos saturados. En particular, su alto contenido de ácido láurico tiene un potente efecto elevador del colesterol en la sangre al reducir la capacidad del hígado para eliminar el LDL de la circulación.

Para agravar la situación, esta misma revisión científica no encontró efectos positivos significativos en el peso corporal, la grasa corporal o los niveles de azúcar en sangre que pudieran compensar este demostrado efecto perjudicial.

Los «superalimentos» no existen (y el aceite de coco no es la excepción).

El aceite de coco es un caso de estudio perfecto para desmontar el popular pero engañoso concepto de los «superalimentos».

Si bien existe evidencia limitada para algunos usos muy específicos —como su aplicación tópica para la dermatitis atópica o su uso en enjuagues bucales («oil pulling»)—, estos beneficios puntuales no lo convierten en un alimento que deba ser consumido para mejorar la salud general. La idea de que un solo producto puede resolver problemas complejos es más una estrategia de marketing que una realidad científica.

«Los super alimentos son como Papá Noel: no existen.»

La fascinación por los «superalimentos» nos distrae de lo que realmente funciona: mantener un patrón de alimentación equilibrado y variado, en lugar de buscar soluciones mágicas en un solo producto.

Navegando en un mar de (des)información

En resumen, la evidencia científica no respalda las aclamadas virtudes del consumo de aceite de coco. Por el contrario, demuestra que puede impactar negativamente los niveles de colesterol, un claro factor de riesgo para la salud cardiovascular.

Esta desinformación tiene consecuencias reales. El Dr. Ariel Kraselnik comenta que en su práctica clínica ha atendido a pacientes con niveles de colesterol peligrosamente altos, quienes consumían grandes cantidades de aceite de coco motivados por tendencias en redes sociales e incluso se lo ponían al café o al mate (¡!). En muchos de estos casos, los valores de colesterol volvieron a la normalidad simplemente al suspender su consumo.

En una era de sobrecarga informativa, es crucial evaluar críticamente los consejos de salud. Prioriza siempre la información de profesionales sanitarios responsables y actualizados por encima de las tendencias virales promovidas por influencers. Tu salud depende de ello.

fuente: intramednews 19/11/2025

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