Este articulo analiza una nueva investigación que sugiere que los perros «superdotados» poseen una habilidad cognitiva sorprendente similar a la humana para extender etiquetas de nombres a objetos según su función, un proceso conocido como categorización. La investigación, dirigida por Claudia Fugazza y sus colegas, implicó enseñar a perros con talento a nombrar juguetes como «tirar» o «traer» y luego probar si podían aplicar estas etiquetas a juguetes nuevos y sin nombre que compartieran la misma función, descubriendo que podían hacerlo con una precisión superior al azar. Los hallazgos sugieren que las raíces de la categorización funcional podrían estar más extendidas evolutivamente de lo que se pensaba, lo cual es significativo dado que los perros están evolutivamente distantes de los humanos. Aunque algunos expertos señalan que el tamaño de la muestra es pequeño o que los perros podrían haber aprendido nombres de actividades en lugar de etiquetas de objetos, el estudio destaca el potencial de los perros para formar categorías mentales.

Introducción: La Lección Inesperada de Arya, la Border Collie
Para Simone Avezza, no pasó mucho tiempo antes de que fuera evidente que Arya, su cachorra de border collie, era excepcionalmente inteligente. Durante los confinamientos por la COVID-19 en Italia, Avezza buscaba una forma de entretenerla. Él y su pareja comenzaron a enseñarle los nombres de sus juguetes, escondiéndolos para que ella los encontrara. Una vez que dominó el juego, «empezó a aprender un juguete al día», recuerda Avezza. «Estábamos completamente llenos de juguetes». Hoy, con 6 años, Arya conoce los nombres de unas 70 de sus posesiones.
La habilidad de Arya, considerada una «aprensiva de palabras» por los psicólogos, ha ayudado a desvelar una capacidad cognitiva hasta ahora desconocida en los caninos. Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista Current Biology, revela que perros superdotados como ella pueden aplicar una categoría funcional a un objeto completamente nuevo, basándose únicamente en su propósito. Este hallazgo no solo redefine lo que sabemos sobre la mente de nuestros compañeros animales, sino que también ofrece profundas implicaciones para uno de los desafíos más persistentes en el desarrollo de la inteligencia artificial.
La pregunta que nos guía es tan sorprendente como relevante: ¿cómo puede la forma en que un perro aprende el propósito de un juguete inspirar la creación de sistemas de IA más inteligentes y adaptables?
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1. Categorización Funcional: El Salto Cognitivo Canino
Los seres humanos damos por sentada una habilidad cognitiva fundamental: la categorización funcional. Desde pequeños, entendemos que la palabra «taza» puede aplicarse tanto a una delicada taza de té de porcelana como a una robusta taza con boquilla para niños, aunque sus apariencias sean radicalmente distintas. Las clasificamos juntas no por su forma o color, sino por su propósito: contener un líquido para beber. Descubrir esta capacidad en otra especie es un hito científico, y el reciente estudio con perros superdotados ha demostrado precisamente eso.
Análisis del Experimento
La investigación, liderada por la científica cognitiva Claudia Fugazza de la Universidad Eötvös Loránd, se diseñó con una metodología precisa dividida en dos fases clave para probar esta habilidad.
- Fase 1 (Entrenamiento): Se reclutaron diez perros «aprensivos de palabras» de todo el mundo. A sus dueños se les entregó un primer grupo de ocho juguetes nuevos, divididos aleatoriamente en dos categorías funcionales: «tirar» (para juegos de tira y afloja) y «traer» (para ser lanzados y recuperados). Crucialmente, la apariencia de los juguetes no ofrecía ninguna pista sobre su uso. Durante cuatro semanas, los dueños jugaron con sus perros nombrando cada juguete según su categoría, teniendo cuidado de no usar nunca un juguete para la función equivocada. Siete de los diez perros superaron esta fase, demostrando que habían aprendido las etiquetas asociadas a las funciones.
- Fase 2 (Generalización): Aquí residía la verdadera prueba. A los siete perros finalistas se les presentaron ocho juguetes completamente nuevos y sin nombre. Los dueños jugaron con ellos usando la función designada (tirar o traer), pero sin pronunciar las palabras de categoría. El objetivo era ver si los perros podían inferir por sí mismos a qué categoría pertenecía cada nuevo objeto. Posteriormente, en una prueba controlada, se les pidió que buscaran un juguete de la categoría «tirar» o «traer» de entre un grupo que incluía no solo los nuevos objetos sin nombre, sino también ocho de sus juguetes ya conocidos, aumentando así la complejidad de la tarea.
Evaluación de los Resultados
Los hallazgos fueron contundentes. A pesar de nunca haber escuchado los nombres «tirar» o «traer» aplicados a los nuevos juguetes, los perros seleccionaron el objeto correcto dos tercios de las veces, un resultado estadísticamente muy superior al azar.
El rendimiento de Arya fue especialmente notable, acertando en un impresionante 79% de las ocasiones. Fugazza concluye que para estos perros, los sonidos aprendidos no son meras etiquetas, sino que parecen tener un «significado que puede ampliarse a otros elementos que parecen completamente diferentes pero tienen la misma función».
Este sorprendente descubrimiento en la cognición canina establece un fascinante paralelismo con uno de los desafíos más persistentes que enfrenta el campo de la inteligencia artificial.
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2. El Paralelo con la IA: El Desafío de Entender el «Para Qué»
Uno de los retos fundamentales de la inteligencia artificial moderna es la generalización. Los sistemas de IA actuales son extraordinariamente buenos reconociendo patrones basados en características superficiales: pueden identificar un gato en una foto analizando millones de píxeles y comparándolos con un vasto conjunto de datos de entrenamiento. Sin embargo, luchan por comprender el contexto abstracto o la función de un objeto. Una IA puede reconocer una silla desde mil ángulos, pero no «entiende» que su propósito es sentarse.
Aquí es donde el logro de los perros superdotados se vuelve tan relevante. La capacidad de Arya para asociar un objeto nuevo, de forma y textura desconocidas, a la categoría funcional de «tirar» es análoga a lo que los ingenieros de IA se esfuerzan por lograr: un sistema que pueda clasificar un objeto no por cómo se ve, sino por para qué sirve.
Esta comparación puede desglosarse en los siguientes puntos clave:
- Aprendizaje Canino: Se basa en la interacción funcional. El perro no aprende memorizando una imagen, sino a través de la experiencia directa de la acción (el acto de tirar o traer).
- Desafío en IA: El reto es superar la dependencia de los datos visuales estáticos (imágenes etiquetadas) para poder inferir el propósito de un objeto en un contexto dinámico.
- El Vínculo: Ambos escenarios buscan cruzar el «abismo semántico» que separa la percepción sensorial (píxeles, texturas) del entendimiento funcional (propósito, utilidad).
Este tipo de cognición biológica podría inspirar modelos de aprendizaje automático radicalmente nuevos. Esto sugiere un camino hacia la cognición corporeizada en la IA, donde un sistema aprende el «significado» de un objeto no a través de etiquetas pasivas, sino descubriendo sus affordances—las acciones que el objeto le permite realizar. Imaginar un robot que aprende el concepto de «herramienta para cortar» no solo viendo fotos de cuchillos, sino interactuando con diferentes objetos y descubriendo cuáles cumplen esa función.
Pero antes de rediseñar nuestros algoritmos basándonos en el comportamiento canino, es crucial situar este fascinante hallazgo en su riguroso contexto científico, con todas sus fortalezas y sus inevitables interrogantes.
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3. Contexto Científico: La Importancia y los Límites del Descubrimiento
Encontrar una habilidad cognitiva compleja como la categorización funcional en perros es particularmente significativo. Desde una perspectiva evolutiva y científica, este tipo de cognición se consideraba, hasta hace poco, un rasgo distintivo de los humanos y un puñado de primates con los que compartimos un ancestro común relativamente reciente. Contextualizar este hallazgo dentro de la psicología comparada nos permite apreciar su verdadera magnitud.
Relevancia Evolutiva
El hecho de que los perros, una especie mucho más distante de nosotros en el árbol evolutivo, demuestren esta habilidad sugiere, en palabras de la psicóloga comparativa Heidi Lyn, que «las raíces de estas capacidades están muy extendidas en el árbol evolutivo».
Juliane Bräuer, del Instituto Max Planck de Geoantropología, añade otra capa de análisis. Aunque reconoce que la muestra de siete perros es pequeña y no se puede generalizar a toda la especie, el estudio demuestra que los perros son «potencialmente capaces de esto». Para Bräuer, el hallazgo es especialmente emocionante debido a la larga historia de adaptación de los perros al entorno humano, lo que podría haber moldeado estas sofisticadas habilidades cognitivas.
Limitaciones y Perspectivas Críticas
Como toda investigación científica rigurosa, este estudio no está exento de debate y limitaciones. El científico cognitivo Federico Rossano, de la Universidad de California en San Diego, ofrece una visión equilibrada al señalar dos puntos importantes:
- Interpretación Alternativa: Rossano plantea que los perros podrían no haber aprendido etiquetas para categorías de objetos, sino más bien los nombres de las actividades en sí. Es decir, «tirar» podría no significar «un objeto para el juego de tira y afloja», sino simplemente el comando para iniciar esa acción.
- Metodología: El estudio utilizó un enfoque de «ciencia ciudadana», donde los dueños realizaron los experimentos en casa. Si bien esto tiene la gran ventaja de probar a los perros en un entorno natural y libre de estrés, también implica que los experimentadores tienen menos control directo sobre el procedimiento, lo que introduce posibles variables no controladas.
A pesar de estas válidas consideraciones, el estudio abre sin duda nuevas y fascinantes vías de investigación que entrelazan la cognición animal, la psicología comparada y, sorprendentemente, la tecnología del futuro.
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4. Conclusión: Hacia una IA Inspirada en la Cognición Natural
La historia de Arya y sus compañeros caninos superdotados es mucho más que una simple curiosidad sobre la inteligencia animal. Su capacidad para entender el propósito de un objeto, trascendiendo su apariencia física, nos proporciona un modelo biológico tangible para abordar uno de los mayores obstáculos en el campo de la inteligencia artificial: la comprensión funcional.
Mientras que la IA actual se construye sobre la base de datos masivos y el reconocimiento de patrones, la cognición canina nos muestra un camino diferente, uno basado en la interacción, la experiencia y la inferencia funcional. La futura innovación en inteligencia artificial puede depender cada vez más de la inspiración extraída de los eficientes y adaptables sistemas cognitivos que la naturaleza ha perfeccionado durante millones de años.
Al final, la observación atenta de la inteligencia en el mundo natural, incluso en el juguetón comportamiento de nuestros compañeros más leales, nos proporciona una hoja de ruta invaluable. Nos enseña que para construir máquinas verdaderamente inteligentes, quizás debamos dejar de mirar únicamente hacia dentro, a nuestros propios algoritmos, y empezar a mirar hacia fuera, a las soluciones cognitivas que la evolución ya ha validado en el mundo que nos rodea.
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